<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?>
<rss version="2.0">
    <channel>
        <title>Ignis</title>
        <description>Blasfemia paganismo y herejia.</description>
        <link>http://ignis.blogcindario.com/</link>
        <lastBuildDate>Sat, 15 Sep 2007 00:20:46 +0100</lastBuildDate>
        <generator>miarroba.com rss generator 0.1</generator>
        <item>
            <title>Agresion parasitaria a Chile</title>
            <link>http://ignis.blogcindario.com/2007/04/00001-agresion-parasitaria-a-chile.html</link>
            <description>&lt;div style=&quot;text-align:center&quot;&gt;Documento originalmente editado en la revista chilena &quot;Ciudad de los Césares&quot; número 52, de 1999, bajo autoría de G. Andrade (casilla 38, 22 Santiago de Chile / Casilla 9054-3 Viña del Mar, Chile)&lt;br /&gt;Stephane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Panné, Andrzej Paczkowski, Karel Bastosek, Jean Louis Margolin:&lt;br /&gt;EL LIBRO NEGRO DEL COMUNISMO: CRIMENES, TERROR Y REPRESION&lt;br /&gt;Editorial Planeta-Espasa Calpe, Madrid y Barcelona, 1998, 866 pp.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El COMUNISMO no ha tenido su juicio de Nuremberg, se ha observado. Podemos preguntarnos por la utilidad de un juicio tal, como hacía A. de Benoist en estas páginas (&quot;Ocho reflexiones sobre la 'muerte del comunismo' &quot;, C.C. 25, 1992). Pero que había que decir algunas verdades, es evidente. Aquello de lo que por sabido se calla, y por callado se olvida, se aplica más que nunca a esta materia. Lo novedoso es que no es una casa editorial marginal, sino importantes editoriales de Occidente (R. Laffont para la ed. francesa, 1997) las que nos traen esta sorpresa; y no es la obra de un autor &quot;de derecha&quot;, arriesgando el ostracismo si no algo peor, sino de autores del mundo de la cultura &quot;oficial&quot; (S. Courtois, coordinador de la edición, es director de investigaciones del Centre National de la Recherche Scientifique de París) y por añadidura, de izquierda: hombres de izquierda que no siempre fueron extraños a la fascinación del comunismo -dice elegantemente Courtois- y que, por ser tales, deberían &quot;reflexionar sobre las razones de su ceguera&quot; y no dejar a la extrema derecha &quot;el privilegio de decir la verdad&quot; (¡).&lt;br /&gt;El equipo dirigido por Courtois, integrado por distintos especialistas, emprende el estudio del sangriento registro del comunismo en la Unión Soviética, antes, durante y después de la guerra civil y a lo largo de una buena parte de su historia (1ra Parte: &quot;Un Estado contra su pueblo&quot;); lo que sigue a través de la acción revolucionaria en Europa -y especialmente en España durante su Guerra Civil- en la época del Komintern; en las democracias populares europeas, en Asia oriental y en un &quot;Tercer Mundo&quot; residual que comprende América Latina, África y Afganistán. La introducción y la conclusión son también de Courtois En tanto la primera parte, obra de N. Werth, se extiende por casi un tercio de las páginas, y un poco menos abarca lo dedicado al comunismo este-asiático, el capítulo sobre América Latina es el más breve y menos satisfactorio. Mucho de lo que aquí se expone ya estaba dicho, pero la obra se beneficia de la apertura de nuevos archivos después de 1989. Se trata, en suma, de una lectura poco agradable. Es verdad que la historia tiene facetas desagradables, aunque no siempre el historiador esté obligado a concentrarse en ellas.&lt;br /&gt;Los autores abordan con honestidad el problema: en este siglo XX -dice Courtois- &quot;siglo de grandes catástrofes humanas&quot;, el comunismo -el comunismo real, para distinguirlo del comunismo como mera idea, el comunismo en el poder-, puso en funcionamiento una prepresión sistemática &quot;hasta llegar a erigir, en momentos de paroxismos, el terror con forma de gobierno&quot;. Cierto, al cabo de un tiempo variable en cada régimen, se pasó a formas más estables y menos terribles de control de las poblaciones (censura, etc.); con todo, la &quot;memoria del terror&quot; siguió funcionando como eficaz disuasivo: &quot;Ninguna de las experiencias comunistas que en algún momento fueron populares en Occidente escapó de esa ley: ni la China del &quot;Gran Timonel&quot;, ni la Corea de Kim Il Sung, ni siquiera el Vietnam del &quot;agradable Tío Ho&quot;, o la Cuba del radiante Fidel, acompañado por el puro Che Guevara...&quot;. Cierto nuevamente -se adelanta a reconocer Courtois- la historia de los regímenes y partidos comunistas no se reduce a una dimensión criminal; y ello, no obstante, archivos y testimonios muestran que &quot;el terror fue desde sus orígenes una de la dimensiones fundamentales del comunismo moderno&quot;.&lt;br /&gt;(urss20.jpg) Dos humildes campesinos de Leningrado vendiendo como alimento trozos de cadáveres, entre los que destacan el cuerpo de un niño y la cabeza de un difunto. Estos eran los episodios de hambruna generados por el reajuste del agro forzado por los jerarcas del comunismo, todos ellos judíos viviendo en palacios del &quot;gobierno del proletariado&quot;. Era la forma real y efectiva en que el marxismo judío trataba al trabajador y al mismo hombre modesto que colma de promesas. En Nüremberg hubiese bastado sólo una fotografía como ésta para condenar a muerte al gobernador de una comarca o a culaquier líder local. Pocos eran los que tenían real conciencia de que escenas muy parecidas a ésta o a las que se ven en la Cuba de Castro pudieron tener espacio en Chile, de no ser por la intervención militar en el Golpe de 1973.&lt;br /&gt;De esto se trata pues. Ahora bien, como señala siempre Courtois, este terror sistemático, estos crímenes, no han sido evaluados ni histórica ni moralmente -para qué decir juzgados. La comparación con el nacionalsocialismo se impone. No sólo ha habido en este caso numerosos juicios, muchas veces en condiciones abusivas o poco favorables para la defensa; desde aquellos famosos de Nuremberg, donde no se aceptó que los abogados recusaran a jueces y fiscales soviéticos. No sólo el régimen nacionalsocialista ha sido condenado repetidamente en todos los tonos y en las más diversas formas, desde 1945. Sino que el simple hecho de negar, de discutir, de revisar los &quot;crímenes nazis&quot;, tal como los ha consagrado la historiografía &quot;actual&quot;, es hoy delito en muchos países occidententales (cf. &quot;Crimen Atrox&quot;, C.C. 45, 1997): Monsieur Courtois olvida este detalle. Sin embargo, cuando el Libro Negro fue presentado en la TV francesa, se invitó a Courtois, desde luego; pero también a dos personeros comunistas, a modo de &quot;contraparte&quot; sin duda (Lectures Francaises 488, Dic' 97). ¿Se imagina alguien que cuando Poliakov o Vidal-Naquet presentan sus libros sobre el holocausto se pusiera junto a ellos un autor, no digamos &quot;neonazi&quot; sino sólo &quot;revisionista&quot;? Dice Courtois: la muerte por inanición de un hijo de kulak ucraniano deliberadamente entregado al hambre por el régimen stalinista &quot;equivale&quot; (comillas del autor) a la muerte por inanición de un niño judío en el ghetto de Varsovia. Claro que sí; mas si se entiende la necesidad de precisarlo, es porque ha habido y hay víctimas privilegiadas: hace algunos años, cuando E. Nolte afirmó que había un nexo causal entre el Gulag y Auschwitz, y cuando A. Hillgruber comparó las víctimas alemanas de la invasión soviética y las víctimas judías, ambos fueron acusados de &quot;relativizar&quot; el Holocausto. Courtois Insiste en que habría que reflexionar &quot;por lo menos&quot; en la similitud entre el régimen nazi y un sistema que gozó de plena legitimidad internacional hasta 1991, anotando por un lado 25 millones de muertos, contra 100 millones imputables al comunismo en cuatro continentes. La responsabilidad por las cifras es del autor; como sea, no es una pequeña diferencia. Y hay más: según Courtois, 70.000 alemanes fueron víctimas del programa de eutanasia entre 1939-1941, &quot;hasta que las Iglesias elevaron sus protestas y el programa fue detenido&quot;. Demos por bueno el hecho. El punto es: ¿puede concebirse a las Iglesias rusas intercediendo -y eficazmente- por los kulaks u otros &quot;enemigos de clase&quot; del poder soviético?&lt;br /&gt;El autor revisa, valientemente, a las razones de esta abisal diferencia en el trato: la idea de &quot;revolución&quot;, con valor positivo, que embarga las almas occidentales desde hace siglos; que los comunistas estuvieran &quot;del lado del bien&quot; en la guerra mundial; la auténtica prostitución de tantos intelectuales de Occidente... En esas razones señalamos: los comunistas comprendieron las ventajas que podían sacar del recuerdo del &quot;genocidio de los judíos&quot; para &quot;reactivar regularmente el antifascismo&quot;. Courtois es prudente, y no valora tal vez todo el alcance de este reconocimiento.&lt;br /&gt;Mas cuando trata de preguntarse el porqué de los crímenes comunistas es que los autores muestran sus preferencias íntimas. No se encuenta tanto, para ellos, en la ideología o en la utopía, como muchos han subrayado. Mencionan a Nechaiev, el autor del extraordinario Catecismo revolucionario que parece anticipar al leninismo; pero omiten mencionar que aquél pertenencía a la tradición anarquista-socialista. Por el contrario, Lenin se basaba sólo en &quot;algunas nociones marxistas elementales&quot;. Si el terror fue erigido en sistema en Rusia, las razones están más bien en el &quot;fondo del arcaísmo&quot; de ese país; en los estratos profundos de la historia rusa, predispuesta a la violencia (aunque reconocen que los zares, en un siglo, ejecutaron menos hombres que los bolcheviques en los cuatro primeros meses de la Revolución); en la guerra de 1914-18, que brutalizó las relaciones sociales; en definitiva, en el militarismo (Kautsky: &quot;las tendencias brutales del militarismo&quot;). En ningún caso asignan resposabilidades a las divinidades modernas del Progreso, la Historia, la Revolución, la Igualdad, etCourtois.. es decir, a la ideología &quot;progresista&quot; de 1789 en más.&lt;br /&gt;El Libro Negro roza aquí y allá con la noción de totalitarismo, sin entrar decididamente a ella. La llamada &quot;teoría del totalistarismo&quot; considera a comunismo y nacionalsocialismo (o, más ampliamente, fascismo) como especies de un mismo género. En general rechazada con indignación por las gentes de izquierda, la teoría encuentra aceptación sea desde el punto de vista liberal (se trata de los enemigos de la famosa &quot;sociedad abierta&quot;), sea desde el punto de vista cristiano (todo esto ocurre porque el mundo se ha alejado de Dios). Permite salvar la buena conciencia de las sociedades occidentales (los criminales son los &quot;otros&quot;), y da una aparente racionalidad a los fenómenos políticos (ya no se trata de los caprichos de Gengis-Khan o de Nerón). Pero, los reiterados bombardeos a Irak, y el bloqueo igualmente homocida, ¿deben ser consignados bajo el rótulo de crímenes del capitalismo? ¿Y los crímenes de la Revolución Francesa (el genocidio franco-francés, que dice un autor contemporáneo), con todo y Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano? ¿Y los crímenes en nombre de la religión...?. Bien dice Unamuno que los hombres se han matado por si el pan es pan y el vino, vino. Será más honesto reconocer, finalmente, que el hombre es el lobo del hombre y acotar las responsabilidades, con sentido crítico, en cada caso.&lt;br /&gt;Cierto, habrá seguramente -y será necesario que lo haya- un revisionismo en la historia de los crímenes del comunismo; tal como lo hay -pese a todo- respecto de los crímenes atribuídos al nacionalsocialismo. Las dificultades que encuentra este último no deberían hacer desear barreras semejantes para el otro, si es que lo que importa es la verdad. Pero también aquí hay diferencias. No es sólo que nadie arriesga la cárcel por discutir la existencia del Gulag. Cuando se publicaron en Occidente los primeros testimonios sobre el Terror Rojo, bastó a los comunistas rechazarlos como obras de propaganda. Nadie interrogó nunca a los verdugos de la Cheka, y tampoco nadie puedo contrainterrogar a los testigos. Después de la II Guerra Mundial, Paul Rassinier, ex internado en Buchenwald, pudo encarar a los psudotestigos que hablaban de ejecuciones masivas en ese campo. Más recientemente se ha discutido, con investigación en el terreno, de las posibilidades técnicas de un exterminio por gas. Salvo en el caso de las experiencias próximas, las discusiones sobre los crímenes del comunismo están condenadas a ser puramente librescas.&lt;br /&gt;El Libro Negro finaliza con una nota optimista: &quot;todo lo inhumano es insensato e inútil&quot;. Posiblemente. Otros creyeron antes en la &quot;guerra que terminaría con todas las guerras&quot;, y qué duda hay que el Octubre Rojo fue saludado con una explosión de optimismo acerca de la nueva etapa humana que comenzaba. Si el hombre es el lobo del hombre, buena parte de su ferocidad ha sido desatada por el optimismo que es congénito a la utopía.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src=&quot;http://www.storialibera.it/images/epoca_contemporanea/comunismo/aspetti_generali/comunismo.jpg&quot; alt=&quot;Imagen&quot; /&gt;</description>
            <pubDate>Tue, 24 Apr 2007 16:42:04 +0100</pubDate>
        </item>
    </channel>
</rss>
